Un día cualquiera para un diabético.

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Todo parece comenzar cuando suena el despertador, pero en realidad nuestro cuerpo nunca ha dejado de trabajar, y nuestra insulina, sea del tipo que sea la que utilicemos, tampoco.

Y se supone que debe de hacer bien su trabajo por la noche para levantarnos por las mañanas con fuerza y… con unos niveles de azúcar buenos.

No siempre sucede así.

¿No te ha pasado nunca que te levantas como si te hubiese atropellado un camión en sueños y te miras el azúcar y estas a 300? ¿O a 50? ¡Que pereza!

Si a una persona que no tiene diabetes le cuesta levantarse por las mañanas imagínate si además de levantarte y visualizar tu día tienes que: mirarte el azúcar con un pinchazo en el dedo y, dependiendo de la cifra que tengas, tomar una decisión u otra con respecto a cuántas dosis de insulina ponerte para el desayuno que vas a tomar y que tampoco dejas a la improvisación (has pensado en él incluso antes de ducharte).

A todo esto, pasa el tiempo y, como el resto de los mortales, hay que ducharse, vestirse, desayunar y arrancar a clases o a trabajar o a lo que tengas que hacer ese día.

Un día cualquiera para un diabético.

Y si ya por las mañanas eres de los que como yo, se despierta bastante…digamos dormidos y de repente empieza a pitar la bomba avisándote de que te queda poca insulina (si utilizas bomba de insulina como yo) toca espabilar y tomarte unos minutitos más para cambiar el set de infusión 🙂

¿Alguna cosa más que hacer? ¡Pero si ni he salido de casa todavía!

El día todavía está empezando y toca cumplir ahora con tus obligaciones diarias.

Sin olvidar mirarnos alguna vez los niveles de azúcar.

En  algunas situaciones o momentos puntuales (cuando iba a clases o ahora en el trabajo) digamos que me estreso, puntualmente a lo mejor, pero me estreso.

Esto provoca en mi caso, un subidón en mi azúcar y los efectos parecen acompañarme el resto del día. Me siento más cansada, como si el esfuerzo de trabajar o estudiar y bajar mis niveles de azúcar en sangre a la vez me agotasen.

A la hora de comer, aún con el subidón mañanero encima, mides rápidamente tu glucemia antes de comer y una vez delante del plato o incluso antes ya, utilizas tu escáner cuenta carbohidratos.

Te pones la insulina o si tienes una bomba te pasas lo que necesites para esa comida.

A todo esto, mientras tu haces estas “pequeñas” gestiones, el resto de los comensales ya casi están con el segundo plato.

Por muchos años que lleves con diabetes, este ritual deberías de hacerlo con calmiña como dicen por mi tierra: lávate las manos antes de pincharte el dedo y tómate un segundo en pensar en lo que vas a comer para actuar en consecuencia con la insulina y así evitar los bajones que te dejan off.

Aunque en ocasiones son tan inevitables….

Después de un largo día, cuando te tumbas a descansar y simplemente paras (de estudiar, trabajar, leer, darle vueltas a la cabeza, etc.), los niveles de tensión diarios bajan y también tiende a estabilizarse tu glucemia.

¡Y si haces algo de ejercicio ni te cuento! Un buen truco para desestresarte de tu día a día y que ayuda a mantener mejor controlada la glucemia.

Y ahí, justo en ese momento que vas a descansar, llega una hipoglucemia para terminar el día.

¿Y ahora? Pues a tomar un zumito, un yogur con unas galletas y a dormir 🙂

No todos los días son así. Hay días en los que los controles son geniales y maravillosos, pero para aquellos días en que tu glucemia también parece un yo-yo entonces también entenderás la viñeta de Maricusa 😉

Así que como no puedes saber a ciencia cierta cómo estará nuestro azúcar mañana , tratemos de hacerlo lo mejor posible hoy.

¡Y si te gusta la viñeta de Maricusa comparte para que todo el mundo sepa que nuestros días a veces si que son largos! 😉

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