Tenemos que hablar. Su hija tiene diabetes

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Me acuerdo como si fuese ayer.

Me acuerdo del tiempo que llevaba observando como Maricusa se levantaba noche tras noche y abría el grifo del baño y bebía agua, demasiada, como si llevase años sin beber. Y así varias veces cada noche.

Me acuerdo de lo cansada que estaba, de cómo comía todo lo que le preparaba, incluso más de lo que nunca había comido. Pero tenía 11 años, estaba creciendo y no paraba quieta. Era “lo normal”.

Sin embargo perdía peso y seguía cansada y no paraba de ir al baño. Estaba rara.

Como madre en primer lugar, y enfermera en segundo lugar, sabía que algo no iba bien. Creo que pensé en que podía ser diabetes pero piensas en el fondo que no puede ser. En mi familia no hay nadie diabético y en la familia de su padre creemos que tampoco ¿o a lo mejor el abuelo? Quizás, demasiado tiempo sin mantener el contacto….

Decidí acudir con ella al  hospital donde yo trabajaba un día que Maricusa tenía unas décimas de fiebre.

Mi amiga María le pinchó en un dedo y en cuanto se introdujo la gota de sangre en la tira reactiva y hasta que salió el resultado en la máquina, esos segundos, para mí fueron horas.

Y cuando lo vi, cuando vi esa cifra, no me la podía creer.

– Repítesela anda- le dije a la enfermera rezando para que ese resultado fuese un error, que la sangre no hubiese entrado correctamente en la tira o que, no sé, de repente pudiese salir otro resultado diferente, un resultado “normal”.

Pero las tres veces que lo repetimos siguió saliendo una y otra vez esa cifra alta, muy alta. Demasiado.

Intenté disimular mi preocupación, pero tal y como nos miraba Maricusa creo que ni mi compañera ni yo lo estábamos haciendo muy bien pues la notaba asustada.

Era demasiado pequeña. No podía ser. A ella no.

Yo sabía lo que era la diabetes, lo que implica y las tan temidas complicaciones.

Y lo sabía de primera mano pues cada día veo y trato a pacientes con esta enfermedad, que no se han cuidado muy bien y cómo les ha afectado a lo largo de los años.

Me negaba a creer que eso le podía suceder a mi hija.

Desde el primer momento ella se adaptó, no sé si con gusto,  pero entendió (o eso creo) lo que le estaba sucediendo y qué teníamos que hacer a partir de ese momento, pues la diabetes no solo afecta al  que la padece, si no a todas las personas que conviven todos los días con ellos.

Le ayudé con las inyecciones, pesábamos cada día las raciones que tenía que comer y vigilaba que todo lo llevase bien, y durante los primeros años así era.

Vivió lo que se conoce como la “luna de miel de los diabéticos” periodo en el que el páncreas todavía genera algo de  insulina y no es necesaria tanta cantidad externa.

Sin embargo y desde el minuto uno, mi vida no volvió a ser la misma: adaptar horarios de comidas, alimentación, vigilar los controles, noches sin dormir…

Volví a desarrollar, aun más si cabe, el oído finísimo que tenemos todas las madres para despertarnos ante el más mínimo suspiro de nuestros hijos, sobre todo cuando son bebés.

En esta ocasión era lo mismo pero para levantarme a realizar glucemias por la noche o despertarme si Maricusa tenía una hipoglucemia o un bajón de azúcar y llevarle algo de comer. En nuestro caso, y menos mal, ella se despertaba cuando le bajaba la glucemia y nunca tuvo un desmayo por la noche.

Me acuerdo de cada pinchazo que ella se hace, como si la aguja se introdujese en mi dedo o en mi piel en vez de en la suya. Y me duele, aunque ella diga que nunca le duele (o eso dice, porque después de tantos años en algún momento sí siente dolor, lo percibo en sus ojos).

Pero Maricusa creció y las complicaciones digamos que también crecen.

Empezó a descuidar sus cuidados y con ello su diabetes: no hacía los controles de glucemia con regularidad, la dieta se la saltaba día sí y día también y eso se veía reflejado en las analíticas y controles.

Puedes leer si quieres cómo vivió Maricusa estos primeros años.

Desde el punto de vista de un familiar o un ser querido que conviva con una persona con diabetes es importante apoyar y ayudar siempre que lo necesiten, pero también hay que darles  espacio, sobre todo cuando se hacen más mayores.

Deben aprender de sus errores y aciertos y ser conscientes de que sólo con una actitud positiva frente a la vida y a la diabetes se puede conseguir vivir feliz con un mismo y con los demás.

Tener diabetes además no impide hacer casi nada y a veces, los familiares y personas que queremos a una persona que tiene diabetes, parece que se nos olvida.

Tendemos a agobiar y a insistir, porque los queremos y deseamos que estén bien, pero piensa en cómo se puede sentir y que muchas veces se hace cuesta arriba.

Ponte en su lugar por un momento ¿pincharse todos los días varias veces al día? ¿Llevar una dieta, en ocasiones muy estricta o contar hidratos de carbono durante toda la vida?

Eso es muy difícil para cualquiera y hay que comprender que pasarán por diferentes etapas, a veces estarán más hartos de todo y todos, a veces comerán peor o les costará más nivelar sus niveles de glucosa, pero animarles y comprenderles es parte más que fundamental.

A veces nosotros como madres, padres, hermanos o parejas de una persona que queremos y que tiene diabetes nos sentimos solos y frustrados, agobiados y perdidos pero no eres el único o la única a la que le pasa. A mí como madre, me ha pasado y me pasará.

Preocuparnos por nuestros seres queridos es algo normal, pero siempre ayuda tener trucos o consejos para ayudar y cuidar a una persona querida que tenga diabetes.

Por esto estás en el sitio correcto si:

– Eres familiar, pareja o amig@ de una persona que tiene diabetes y te gusta mantenerte informado sobre la enfermedad desde diferentes puntos de vista.

– Si quieres conocer cómo se siente a veces, cómo puedes motivarle para que siga mejor su tratamiento o simplemente quieres repasar situaciones que vives a diario y que pasan habitualmente en una “familia con diabetes” 🙂

– Si quieres aprender más sobre las diferentes etapas y cambios por los que pasamos aquí serás uno más. Comprenderás que sin tu apoyo, ayuda y comprensión en muchas ocasiones sería más difícil llevar todo esto.

– Si quieres simplemente ver la diabetes, que te acompaña de una u otra forma aunque tú no la tengas,  desde otro punto de vista, entonces estás en el sitio correcto.

Únete al mundo de Maricusa sin azúcar y empieza a vivir la diabetes de una manera más positiva.

Porque nuestros seres queridos se lo merecen, y nosotros también 🙂

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