Maricusa, tenemos que hablar.Tienes diabetes.

Me acuerdo como si fuese ayer. Tenía 11 años.

Me acuerdo incluso del desayuno de esa mañana: un cola-cao con magdalenas. En concreto unos sobaos, los últimos que comería hasta muchos años después.

Creo que, a día de hoy, aún saboreo ese desayuno, mi último desayuno sin diabetes, mi último desayuno  como “una persona normal”.

Tardé unos cuantos años en sacar etiquetas como “ser una persona normal” o “yo soy diabética” y en comprender que SOY una persona normal y que tengo diabetes sí, pero eso no me define ni limita como persona.

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Pero antes de este desayuno llevaba días “rara”; iba muchas veces al baño, tenía mucha sed, incluso me levantaba por la noche a beber varias veces, estaba muy cansada y aunque comía sin parar, había perdido mucho peso en muy poco tiempo.

Todos estos síntomas y sumándole que mi madre es enfermera y ya estaba con la mosca detrás de la oreja, hicieron que esa mañana terminase en el hospital en donde ella trabajaba.

La enfermera que me pinchó en el dedo para hacerme “la prueba” (no tardé mucho tiempo en saber qué era “la prueba”) nos conocía a mi madre y a mi desde hacía años, por eso cuando salió la cifra en aquel aparatito pequeño y vi sus caras de preocupación sabía que algo no iba muy bien.

Me la repitieron otras dos veces más, los primeros pinchazos de muchos, muchísimos más, casi infinitos.

Yo me limitaba a chupar la pequeña gotita de sangre de mi dedo y a observar caras de preocupación.

Me acuerdo hasta de la cifra: 345.

Y  desde ese momento todo lo que sucedió a continuación lo recuerdo a mayor velocidad, como si sólo fuese un instante.

Me ingresaron y  un doctor, el Doctor Fariña, al que recuerdo con mucho cariño, me explicó como nadie, con mucha delicadeza y a través de dibujos, qué era lo que me pasaba.

Diabetes Mellitus Insulinodependiente o tipo I (enfermedad con nombre compuesto y apellidos, impone de primeras ¿no crees?), mi páncreas había dejado de funcionar y a partir de ese momento tenía que inyectarme insulina para siempre…

Y aquí es cuando se hace el silencio incómodo… cómo impone un para siempre.

Tuve que aprender a medirme la glucemia, pincharme insulina y saber mezclarla según la dosis pautada (aquellas mezclas que usábamos antes de los bolígrafos de insulina que hay hoy),  pesar toda la comida (hidratos de carbono y proteínas), realizar ejercicio pero teniendo en cuenta demasiadas variables, nada de dulces ni alimentos con azúcar refinado (esto fue difícil pues era una niña y sí, de las que disfrutaba comiendo sobaos, chocolate y “chuminadas”), tener cuidado con las excursiones, comidas fuera de casa y un largo etcétera que agobia con solo leerlo.

Yo, como dije, era una niña y mi madre me ayudaba y se encargaba de prácticamente todo (puedes leer si quieres cómo vivió ella esta etapa), yo cumplía a rajatabla todo lo que me decían que tenía que hacer, pero cuando pasaron los años, fui creciendo y me tocaba a mi sola encargarme de que todo saliese bien o lo mejor posible ¿qué pasó en ese momento? Caos.

Un periodo al que se une adolescencia, juventud, inconsciencia, ganas de romper reglas y abandono de la enfermedad y de los cuidados que sabía perfectamente que tenía que llevar pero que ya estaba aburrida de ellos.

La diabetes era lo último en mi lista, lo último que me preocupaba.

Sin embargo, con el paso de los años, alguna que otra complicación y que me cansé de preguntarme demasiadas veces ¿por qué a mí? además de una mayor implicación por mi parte y madurez, he conseguido digamos, una tregua con ella. He aprendido a convivir con ella y a perdonarme cuando no lo hago tan bien como debería, pero todos tenemos nuestros días malos, ¿no? 🙂

Pero esto me costó años de prueba y error. Y los que me quedan por aprender. Y tu también puedes hacerlo, si no lo haces ya.

Piensa que si yo he conseguido aceptarme tal y como soy, con mis días buenos y no tan buenos, mis valores de glucosa altos y bajos, mis raciones de pan de más en las comidas que tengo que compensar después y darme un capricho y comerme un helado de chocolate una tarde de verano y no sentirme mal por ello, tu también puedes conseguirlo 😉

Me gusta mucho lo que afirma Viktor Frankl en su libro “El hombre en busca de sentido” en donde dice que hay muchas circunstancias que se nos imponen inevitablemente, pero somos nosotros quienes elegimos qué aptitud tomar ante ellas.

Y yo añadiría que también somos nosotros los que elegimos la actitud con las que nos enfrentamos a ellas.

Si tú has pasado por una situación parecida o estás pasando por algo así ahora, no te preocupes, no estas sol@.

Durante años me ha costado mucho entender que si yo no quiero, si yo no me lo propongo, da igual lo que me puedan aconsejar el personal médico, o mi familia y amigos, que ellos no lo pueden hacer por mí, pero si yo he podido conseguir ser…digamos compañera de la diabetes y no pasar de ella, ignorarla o incluso odiarla, tú también puedes ¡créeme! 🙂

A veces tendrás más ganas, a veces estarás hart@ de todo y de todos, pero los tropiezos, los agobios, los miedos…son una parte que no podemos evitar de lo que será y es nuestra nueva vida a partir de que nos descubren la enfermedad.

Y no todo es malo, al contrario.

  • Aprenderás muchas cosas sobre ti mismo, a cuidarte y a tomar conciencia de lo que es necesario para ti.
  • Aprenderás también a valorar y decidir si luchas y consigues cualquier cosa que te propongas, porque la diabetes no es ningún impedimento para nada, o te rindes sin intentarlo y dejas que te gane la batalla. Y eso no va a ser así ¿a qué no?

A través de Maricusa compartiré contigo información, situaciones y hábitos que a mí me han ayudado a mejorar mi relación con mi diabetes y con el mundo que me rodea en general: trabajo, viajes, comidas, estados de ánimo, amig@s, familia y pareja.

Te propondré retos mensuales que yo haré contigo y podrás reírte un poco con las historias de Maricusa que seguro que algunas se parecen a las tuyas. 😉

Cuando te liberas y hablas de aquello que te  angustia, cuando empiezas a quererte un poco más, a entender lo que tu cuerpo necesita  e incluso a perdonarte cuando las cosas no salen tan bien como quisieras, incluso cuando dices ¡Basta! y tomas las riendas, entonces ya nada ni nadie te podrá parar.

 

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Por eso estás en el sitio correcto si…

– Tienes diabetes desde hace años o te la acaban de diagnosticar y te apetece conocer más información desde el punto de vista de una persona que tiene diabetes como tú (desde hace casi 20 años ya).

– Si a veces te “aburres” de escuchar  y leer siempre lo mismo acerca de la diabetes y sus complicaciones y quieres un punto de vista diferente, más positivo.

– Si te apetece reírte un poco y a la vez informarte, aquí  te sentirás en tu mundo.

– Y si necesitas un empujoncito de vez en cuando, un “bien hecho” o tal vez un poco de motivación y apoyo para seguir el tratamiento aquí  también lo encontrarás, porque no estás sol@ en esto.  

 

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