24 horas con diabetes. Hoy me pongo en tu lugar.

24 h con diabetes

¿Y si me pongo en tu lugar durante 1 día?

¿Te imaginas que de repente te dicen: “Lo siento, tienes diabetes”?

Así de la noche a la mañana, sin tiempo para una mínima preparación por tu parte (y por parte de tus familiares).

Y no solo eso, si no que te dan un montón de información y tareas que vas a tener que hacer para el resto de tus días.

Suena duro, y lo es.

Sobre todo al principio en donde te suena extraño todo lo que te dicen, y es como si no te estuviese pasando a ti, como si observases la nueva situación fuera de tu cuerpo.

Estás pero no estás. Y sobre todo no estás preparado para esto. Ahora no.

Muchas veces la vida nos da estos golpes y dependerá de nosotros la actitud que tomemos frente a… Click Para Twittear

Pero ya sabes que cuando llega la diabetes, no sólo te afecta a ti, si no también a las personas que conviven contigo: padres, hermanos, pareja….

Y pensando en ellos, en los otros “implicados” de la diabetes, le propuse a mi pareja que probase el mismo, lo que es “convivir” con diabetes durante 24 horas.

Dijo que sí y arrancamos el “experimento”.

Te cuento un poco más en qué consistía: Durante 24 horas él tendría que hacer alguna de las cosas que hacemos tu y yo todos los días al tener diabetes. 

Está claro que su páncreas funciona perfectamente y por supuesto no ha tenido “bajones” ni subidas de azúcar pero sí se ha hecho los controles antes y después de comer y ha llevado durante 24 horas una “bomba de insulina casera” (incluso haciendo deporte o para dormir).

Quería que se pusiese en mi piel durante 24 horas.

Y la experiencia tanto para el como para mi ha sido genial.

Pero seguro que quieres saber cómo fue su día. Empecemos.

 

El “experimento”.

24 horas

 

Empezamos la mañana colocando el dispositivo que llevaría y que tenía que ser lo más parecido posible a la bomba de insulina que utilizo yo.

Colocamos dentro de esa riñonera roja, que es bastante finita y que él utiliza para ir a correr, un glucómetro que ya no funcionaba.

Simplemente para que pesase un poco y que fuese lo más real posible.

El cable no iba conectado a nada, simplemente estaba enganchado a la cánula y la otra esquina estaba metida en el interior de la riñonera.

Le he explicado cómo me lo coloco yo pero él ha sido el que se lo ha puesto. 

¿Te preguntas si le dolió el pinchazo? Dice que no le dolió nada.

Cómo se nota que era su primera vez, eh? 😉  

Porque a mi aunque muchas veces no me duele, otras muchas si. 

Aclaraciones del experimento:

  • No utilizamos insulina. Yo tengo diabetes, el no. Su páncreas sí produce insulina.
  • El glucómetro que utilizamos para dar un poco de peso NO funcionaba desde hace años. Lo encontré de casualidad en un cajón y lo utilicé porque el tamaño era similar al de mi bomba.
  • Aprovechando el material: El cable que llevaba colocado lo utilicé yo después de las 24 horas ya que estaba vacío y no llevaba reservorio.
  • Utilicé 7  tiras a mayores de las que suelo usar yo normalmente para este experimento.
  • En las imágenes de los controles, las de la derecha son sus valores y las de la izquierda los míos  😉 Se nota la diferencia en algunos controles, ¿verdad?.

 

– El desayuno.

desayuno-con-diabetes

 

Después de colocar su dispositivo particular, empezamos el día como tú, pinchándonos el dedo para ver qué tal estábamos nada más levantarnos.

No me puedo quejar de mi glucemia la verdad: 109 mg/dL  VS  85 mg/dL que es la glucemia que tenía el.

Desayunamos lo mismo: un zumo de naranja, unas tostadas con tomate untado y un café.

¡Listos para empezar el día!

Después de desayunar él se fue a correr (sí, con todo su nuevo “kit”) y yo me fui a pasear con Otto, nuestro perro.

Pero a las dos horas del desayuno tocaba de nuevo mirarse la glucemia para ver cómo estábamos después de comer.

Como ves, mi glucemia, aunque no está nada mal, ya se diferencia de la suya.

132 mg/dL (la mía)  VS  84 mg/dL (la suya). 

Yo estaba muy contenta con mi cálculo de raciones del desayuno y con mi paseito y él sin apenas variación después del desayuno. Con su ejercicio y su páncreas funcionando perfectamente, todo hay que decirlo. 😉 

Después de hacer ejercicio tuvo que ir a la ducha, y ahí ya tuvo un pequeño lío con el cable, ya que no sabía muy bien qué hacer con el y si se lo podía sacar.

Finalmente consiguió ducharse. Sin cable y sin aparato por supuesto. 🙂 

 

– La comida.

comida-con-diabetes

 

Y llegó la hora de la comida.

Tocaba de nuevo mirar qué tal teníamos el azúcar antes de comer.

Decirte que yo llegué a la comida un poco más justa que él. 

Yo tenía una glucemia de 75 mg/dL  VS  92 mg/dL que era lo que tenía él. 

¡Qué bien pautada tengo la basal! jajaja! Gracias Eva (es mi actual endocrina).

Comimos lo mismo una vez más: Una buena ensalada y arroz con verduras. No tocó postre.

Peeero, creo que con esta comida yo no calculé bien las raciones y después de comer tuve una hipoglucemia.

Como ves tenía un buen mareo: 45 mg/dL y él estaba en un perfecto 107 mg/dL.

Mientras él disfrutaba de una sobremesa tranquila, yo estaba sudando, con el corazón dándolo todo y con tembleque de manos.

Como te imaginas, sí, tuve que comer algo dos horas después de haber comido.

Seguro que me faltó comer más arroz y/o me sobraba dosis de insulina.

Tras 15 minutos de larga espera y con mi bomba de insulina parada, tocó repetir mi glucemia y estaba ya a 70 mg/dL.

Pero ya me quedé un poco agotada después de esto.

La sensación de una hipoglucemia, sobre todo cuando es fuerte, es algo que nadie puede entender salvo que la haya vivido alguna vez.

Los 15 minutos que tienes que esperar para repetir la glucemia a mi me parecen horas. 

Te cuento un poco más sobre “los bajones” aquí. 

– La cena.

cena-con-diabetes

 

Después de una tarde tranquila, en la que yo me quedé un poco choff después de la hipo, bajamos a dar una pequeña vuelta con Otto y empezamos a preparar la cena. 

Te quería enseñar la pedazo de cena que nos curramos. Sí, esa pedazo de pizza que estás viendo.

Qué hambre, ¿verdad?

Nuestra cena 🙂

cena-con-diabetes2

 

¿Los controles? Antes de cenar yo estaba incluso mejor que él 😉 

89 mg/dL (yo)  VS  92 mg/dL (él).

Y pese a ser una cena contundente como ves, dos horas después de cenar seguíamos perfectos los dos.

Yo tenía 100 mg/dL y él 95 mg/dL.

¡Hay que ver qué bien funciona un páncreas que funciona! 🙂

Porque mientras una persona que no tiene diabetes se preocupa de comer y listo (su páncreas funciona bien) tú y yo tenemos que calcular antes de cada comida lo que vamos a comer y ponernos las dosis de insulina necesarias.

Mi cabeza y la tuya siempre trabajando, y lo peor es que ¡no es solo comer y olvidarse!

Hay que ver cómo estás después de comer, no vaya a ser que te pase lo que me ocurrió a mi después de la comida o al revés, que tengas una subida de azúcar.

¿Ves las diferencias?

Valora más lo que haces día a día porque eres muy grande. Y valiente.  🙂  

 

– El desayuno de nuevo.

desayuno-2-con-diabetes

 

Después de una noche en donde nuestros respectivos cables se enrollaron un poco (cosas de cables, ya sabes) nos despertamos y ¿qué tocaba?

Sí, has acertado, mirarse cómo se había “levantado” nuestro azúcar.

Y aquí también hay diferencias. 

Mi glucemia mañanera no era muy buena: 237 mg/dL. 

La suya, por supuesto perfecta: 95 mg/dL.

¿Posibles causas de mi glucemia elevada? (porque salvo que lleves un sensor que mide tu glucemia 24 horas o un dispositivo que lo haga, son “posibles” causas. Lo que sucede de verdad, ¿ah! quién sabe?). 

-Una hipoglucemia nocturna que remontase sola gracias al hígado que produce glucógeno y lo convierte en glucosa (sí amiga, no nos funciona el páncreas para reducir los niveles de glucosa en sangre pero nuestro hígado sí funciona para remontar pequeños bajones de azúcar).

-Que la cena tan contundente que tomé haya provocado un aumento en el nivel de glucosa en sangre después de dos horas de terminar de cenar. Ya sabes que determinados alimentos con más grasa además de provocar digestiones más lentas y pesadas pueden subir los niveles de azúcar en sangre durante más tiempo que comidas más ligeras o con un índice glucémico menor. 

 

** Nuestras conclusiones.

Me hizo mucha ilusión compartir esta experiencia con mi pareja. Y ahora contigo.

Aunque todo hay que decirlo, a mi me hizo más ilusión que a el 😉 

Será porque compartir lo que tenemos que hacer tooodos los días de nuestra vida con un ser querido para mi era más divertido que para el.

Yo lo vivo todos los días, el no.

Y acostumbrarse lleva su tiempo.  

No solamente se puso él en mi piel si no que a mi también me sirvió para ponerme en la suya.

Comprendí por qué en un principio no le hacia tanta ilusión como a mi ¡y eso que no tuvo que contar raciones! 😉 

Cuando conoces a una persona que tiene diabetes desde hace tiempo y empiezas una relación de amistad, de pareja… esa persona con diabetes ya tiene unas rutinas, pautas y demás, muy aprendidas.

El manejo de su diabetes lo hace casi en piloto automático.

Sobre todo si no sufre episodios muy graves de hipoglucemias con pérdida de consciencia, episodios de cetoacidosis o complicaciones graves.

Por eso las personas que te conocen con diabetes, se implican pero “a medias” y me explico: se acoplan a tus rutinas y la observan o participan en mayor o menor medida.

Porque tú ya llevas muchos años haciendo esas rutinas sin la otra persona y gestionando tú mismo tu enfermedad.

Eso no quita que no sepa qué hacer si te da un bajón o que te ayude, apoye y comprenda igualmente.

Pero sí que es verdad que si esa pareja, amigo, familiar “sufre” contigo la llegada de la diabetes, la implicación desde el principio va a ser mayor.

Camináis juntos desde el principio.

Desde aprender a contar raciones, pesar la comida, los primeros pinchazos, las visitas al médico. Todo.

Mi pareja me dijo que pensaba que yo ya contaba las raciones de manera natural, sin tener que pensar mucho. ¡Ja, me parto!

Tuve que explicarle que es un proceso de muchos años, de mucho prueba y error, de muchas hipoglucemias e hiperglucemias después de las comidas y que aún a día de hoy sigo aprendiendo y me equivoco más veces de las que me gustaría.

En los inicios también tuve que pesar todos los alimentos (incluidos hidratos de carbono y proteínas), usar el vasito medidor y prestar mucha atención a las comidas y qué pasa después de comer con mi glucemia. 

En palabras de él Creo que valoras mas lo que hace la otra persona. Entiendes un poco mejor sus frustraciones y sus cambios de humor y lo duro que es hacer esto 365 días al año. ¡Y eso que yo no he vivido casi nada de todo lo que tienes que sentir y hacer cada día!.

Algunas anécdotas de su “día con diabetes”.

** Ir a correr con un cable y con “algo” que está “en tu cuerpo”. Se le hizo un poco extraño.

** Las visitas al baño. ¡No sabía qué hacer con el cable! ¿Sacarlo o no sacarlo? 😉

** En una ocasión le tiré del cable sin querer y saltó al momento: “¡Cuidado que me tiras y duele”!

¿Ahora me entiendes cuando me engancho con el cable en algún sitio (puerta, ropa, cualquier cosa!) o se me cae la bomba de repente y se me queda colgando de la piel?

** Me preguntó por el sexo… ¿Y cómo hago yo siempre? 😉 

** Cuando se sacó la cánula al día siguiente, le picaba un poco y se le quedó una pequeña marca roja.  “Bienvenido al club” 😉 

** Durante ese día escuché en alguna ocasión: “¡Qué contenta estás de que estemos los dos “enganchados” ¿eh?” Sí, lo reconozco.  😉 

Pero principalmente estaba contenta porque me sentía un poco más comprendida.

Aunque fuese un poco.

Y eso, por lo menos a mi, me ayuda mucho.


 

Y ahora te propongo que le preguntes a un familiar, amigo o pareja…

¿Te atreves tu a ponerte un día en mi lugar?

Cuéntame en los comentarios cómo fue 🙂 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *