1 # Entrevista a la abuela Sara

¡Hola! ¿Cómo estás hoy?

Espero que igual de ilusionado que yo porque hoy tengo el placer de presentarte la sección “Cuenta tu historia” en donde TU eres el protagonista.

Pero vamos a comenzar ya si te parece y así lo descubres por ti mism@.


 

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En esta primera historia te presento a (como yo la conozco): La abuela Sara.

Una “jovencita” de 92 años,  con una vitalidad que ya quisieran muchos y con una alegría y buen humor que transmite no sólo con su sonrisa si no en cada palabra que dice.

Habla despacito y en voz baja, como si susurrase.  Pero es un susurro amable, cálido que te envuelve al instante y te transmite paz.

Pero te cuento un poco más sobre Sara. Nació en un pequeño pueblo de Galicia y creció en una familia humilde que trabajaba el campo.

Desde muy pequeñita sabía lo que quería ser de mayor: maestra, pues le encantaba enseñar a sus hermanos más pequeños.

Ella (cosa rara para su época) sabía leer y escribir porque un tío suyo, que era cura, le había enseñado y disfrutaba cada vez que aprendía algo más.

Con mucho, muchísimo esfuerzo de su familia, pudo estudiar y se convirtió en maestra. Justo ese mismo año, le diagnosticaron una diabetes tipo 1.

En aquella época hacía pocos años que se había descubierto la insulina y los pacientes tenían que ir a junto un “practicante” a que, antes de cada comida les pusiesen su dosis de insulina y otras veces, siempre que pudiesen, iban a casa de Sara y le ponían la inyección allí.

Diabetes tipo 1 y justo ahora que voy a empezar a dar clases” decía Sara tristemente a sus padres.

Pasó un tiempo decaída y triste y a la vez perdida porque fue un cambio muy brusco, y, aunque había cumplido su sueño de ser maestra, esto le había sentado como un jarro de agua fría.

Intentó refugiarse en sus alumnos, en los niños que enseñaba cada día para coger fuerzas para seguir adelante. Y, aunque le gustaban mucho los dulces, tuvo que renunciar a ellos por completo (no existía la sacarina ni los productos que tenemos a día de hoy) y adaptarse a una dieta estricta.

Sara también se apoyó en su familia y siguiendo sus consejos comenzó a hacer un poco de ejercicio. Le ayudaba a mantener unos mejores controles de azúcar.

Además sabía, porque así se lo habían explicado en el hospital los médicos y enfermeras, que lo más importante era ella y que todo dependía de ella y de su actitud y dedicación.

Decidió tomárselo en serio, aunque como ella misma también dice “tengo mis días, y a veces no me aguanto ni yo, imagínate mi azúcar. La tengo revolucionada”. Como nos pasa a todos, ¿verdad? 😉

Siempre quiso buscar información sobre diabetes, pero no había mucha, casi nada comparada con la que puedes encontrar a día de hoy. Los libros que encontraba además, hablaban en unos “términos demasiado enrevesados” como ella dice, para poder entenderlos.

La abuela Sara reconoce que le hubiera encantado tener “estas modernidades que hay a día de hoy en Internet” pues aunque su familia la apoyó desde el principio, si echó de menos poder hablar con otras personas que, igual que ella, tenían sus pequeños baches y a veces se sentía muy sola e incomprendida.

Cuando se quedó embarazada además, eran muchos los doctores que la asustaron acerca de los peligros del parto para ella y el niño debido a la enfermedad.

Tanto la asustaron que lo pasó muy mal durante su primer embarazo, casi casi “le quitaron las ganas” de seguir con los siguientes pero, como ella dice: “había que intentarlo de nuevo. Siempre me gustaron los niños y la diabetes no me iba a sacar mi ilusión”.

Y así fue porque  tanto su primer hijo Juan, como sus otras dos hijas Manuela y Carmen nacieron sin mayor problema, aunque Sara estuvo muy controlada por el equipo médico.

Una de sus hijas también tiene diabetes tipo 1 como ella, pero “siempre intenté decirle que no pasaba nada, que no tenía por qué estar triste. Hay gente mucho peor que nosotras y tan mal no me ha ido cuando tengo 92 años y aquí sigo. Tengo mis achaques y la vista….bueno, digamos que no leo muchos libros desde hace tiempo, con lo que me gustaba leer, pero le digo a mis nietas que me leean algo y a también me gusta”.

Eso sí es tener buen humor, y saber transmitirlo.

La abuela Sara dice que no echa nada de menos su vida sin diabetes, pero aclara que seguro que es porque ya no recuerda su vida sin ella. La ha acompañado siempre y no le ha impedido hacer nada.

A día de hoy y como ya no ve tan bien como antes, la ayudan todos los días a “mirarse el azúcar” y a ponerse la insulina. También da un paseíto por la galería de su casa todos los días y un día al mes “se da un capricho” y se come un trocito de una tarta de chocolate que hace su nuera que le encanta y a la que dice “me niego a renunciar”.

Nos anima a todas las personas que tenemos diabetes a que hablemos entre nosotros, a que nos apoyemos, porque aunque a veces se pasa mal y tiene sus complicaciones, no te impide que cumplas tus sueños, lo que quieras ser.

Y da gracias a todos sus médicos, que ya la conocen desde hace mucho tiempo y a muchos otros los ha visto crecer.

También a su familia y amigos pues sin ellos dice sin perder su sonrisa “la diabetes” hubiese podido conmigo”.

Aquí se queda callada unos segundos para terminar diciendo:  “¡Qué va! ¡La diabetes no puede ni conmigo ni contigo!”  🙂


Soy fan de la abuela Sara ¿tú no?

Si te ha gustado esta primera historia puedes dejar tu comentario más abajo y si te apetece a ti también contar TU HISTORIA y que seamos tus fans escríbeme a hola@maricusasinazucar.com y hablamos 😉

Un abrazo grande.

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